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septiembre 1, 2026

olígrafo Digital

Noticias y Análisis Político

La herencia del servilismo: Raúl Bolaños Cacho Cué y el asalto a San Lázaro

Hablemos de Política
Por Diego Martínez Sánchez

La imposición de Raúl Bolaños Cacho Cué como Presidente de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados es una burla abierta a la inteligencia ciudadana. Su encumbramiento en la cúspide de San Lázaro no es el triunfo de la democracia ni el reconocimiento a una brillante carrera legislativa, sino la consagración del oportunismo político más ramplón.

El novel diputado llegó al Congreso Federal bajo las siglas del Partido Verde por el Distrito 8 de Oaxaca, pero trepado cínicamente en los votos de Morena, evidenciando desde el primer día que su única divisa es la simulación.

Revisar el expediente de Bolaños Cacho Cué es toparse con el vacío absoluto. No tiene un solo mérito real ni una trayectoria que lo respalde; su única credencial ha sido fungir como empleado incondicional de Alejandro Murat Hinojosa. Fue el exgobernador quien, por puro capricho y complicidad, convirtió a su secretario particular en secretario de Estado en Oaxaca y luego lo metió al Senado de la República inflado por la maquinaria y el voto corporativo del PRI.

Sin embargo, la gratitud en el manual de este personaje dura lo que tarda en hundirse el barco. En cuanto soplaron los vientos de la desgracia tricolor, Bolaños Cacho no dudó en traicionar al partido que le dio vida para correr a refugiarse bajo el manto protector de la llamada Cuarta Transformación.

Lo más insultante de este arribismo es el descarado desarraigo territorial. Bolaños Cacho Cué pretende legislar a nombre de un estado en el que jamás ha vivido de manera real, ya que él mismo ha confesado en entrevistas que dejó Oaxaca desde la secundaria para estudiar en el extranjero y después radicó cómodamente en la Ciudad de México. Su regreso a la entidad fue para cobrar una cuota de poder a la sombra de los Murat.

A esto se le suma una absoluta incapacidad legislativa. El trabajo de Bolaños Cacho Cué en las cámaras no se mide en leyes aprobadas ni en beneficios para el pueblo, sino en sumisión y frivolidad. De su paso por el Congreso de la Unión no se recuerda una sola propuesta de envergadura, salvo aquella penosa y célebre artimaña con la que intentó extender de forma inconstitucional el mandato de Arturo Zaldívar en la Suprema Corte. Fuera de eso, su labor se reduce a tapar la ausencia de resultados con una constante exhibición de frivolidad en redes sociales, donde sus fotos posadas y su tren de vida contrastan de forma insultante con la marginación del estado que dice representar.

Demostrando ser un digno heredero de la escuela de servilismo que le legó su padre, Raúl Bolaños Cacho Guzmán, cuyo mayor hito histórico fue arrodillarse ante José Murat Casab. Esa sumisión perruna le valió ser impuesto por el patriarca como Presidente del Poder Judicial de Oaxaca, un cargo que el viejo Bolaños volvió a repetir de forma breve y testamentaria durante el gobierno del hijo, Alejandro Murat.

Hoy, la dinastía sigue cobrando los dividendos de esa lealtad familiar, pues el progenitor despacha plácidamente en el extranjero como Cónsul General de México en Sao Paulo, Brasil. Evidenciando que el nepotismo y la sumisión mutan de siglas, pero jamás de apellidos.

Para cerrar la pinza de esta farsa, Bolaños Cacho Cué llega cobijado por otro compadre del clan Murat: Ricardo Monreal Ávila.

El coordinador de la bancada de Morena, experto en jugar a las sombras y mandar señales cruzadas de disidencia frente a la Presidencia de la República y la transformación, encuentra en el dócil Bolaños a la marioneta perfecta. Porque tener a una veleta tan manejable al frente de la Mesa Directiva le será de enorme utilidad a los Murat y los Monreal para operar sus propias agendas políticas en los meses por venir.

Arraigando en San Lázaro, dinastías de sirvientes que han hecho de la traición y la geografía electoral su negocio más lucrativo.

Al tiempo.

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