12 septiembre, 2021

La lectura, un acto de consumismo capitalista o de adoctrinamiento oficialista

Por Diego Martínez Sánchez / @diegomtzsanchez

Lo que para Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, fue una mala y tendenciosa interpretación de sus palabras, ha provocado un aparente acto de censura por parte del Estado mexicano y creado un conflicto laboral en la Embajada de México en España, escalando al grado de lograr la renuncia del director ejecutivo de la Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores que encabeza Marcelo Ebrard, “el hombre fuerte” del Presidente.

Todo comenzó por los dichos de Arriaga durante una ponencia titulada “Formación de docentes lectores en la escuela normal”, que impartió a los alumnos de la Escuela Normal de San Felipe del Progreso, en el Estado de México.

En dicha transmisión, el ex sinodal de Tesis de la esposa del Presidente López Obrador, impartió una cátedra cargada de tendencias ideológicas que enarbolan el proyecto que encabeza el titular del Ejecutivo Federal, denostando en diversas formas a todo lo que considera contrario a los “valores” establecidos por la Cuarta Transformación, incluidos empresarios, líderes religiosos y la sociedad civil organizada.

Entre los postulados que Marx Arriaga presentó ante los futuros docentes, podemos destacar la idea de que “los medios, el mercado, requieren de sujetos dóciles, sujetos que puedan ser manipulados por medio de las noticias falsas, de las Redes Sociales”.

Mencionó que uno de los efectos sociales que ha tenido la pandemia de COVID-19, al señalar que “el virus ha derrocado a la fe” criticando que los representantes de las diversas religiones “abandonaron su labor” y se refugiaron en espera de una respuesta científica a la enfermedad.

También destacó en reiteradas ocasiones, la “respuesta” del Gobierno Federal ante la crisis que generó la emergencia sanitaria, y aunque reconoció que el “discurso” del presidente Obrador no reflejaba un compromiso con el “crecimiento sostenido” y la “competencia económica del país”, sí lo hacía con las “necesidades socioemocionales de un entorno que se desquebrajaba. Un entorno sumido en la violencia provocada por la perversidad del sistema capitalista”, añadió.

En este sentido, recordó el “Decálogo para salir del coronavirus” que presentó López Obrador, en donde se establecen medidas como “actuar con optimismo” porque “el buen estado de ánimo ayuda a enfrentar mejor las adversidades”.

O, el dar “la espalda al egoísmo y al individualismo” para ser “solidarios y humanos”. Instruyendo que “si tenemos más de lo que necesitamos procuremos compartirlo” porque “nada produce más dicha que la práctica de la fraternidad”.

El no dejarse “envolver por lo material” y alejarse del consumismo, porque “la felicidad no reside en la acumulación de vienes materiales, ni se consigue con lujos, extravagancias o frivolidades, solo siendo buenos podemos ser felices”.

Todo ello con una carga político ideológica, respecto a la función del Estado en la formación educativa de la sociedad, destacando como eje la nueva filosofía gubernamental. Y aunque todo esto pudiera parecer “normal” bajo el sistema de gobierno que ha impulsado el Presidente Obrador, la vinculación que hizo de la lectura con los sistemas de control capitalista fue un detonante para que medios de comunicación, columnistas, académicos y algunos funcionarios, hicieran una libre interpretación de sus dichos, provocando la molestia de Arriaga, quien no solo demostró su intolerancia a las críticas, también dio muestra de su alto nivel de influencia.

Arriaga aseguró que la lectura se convirtió en un producto centrado en el goce que utilizaba el mercado económico para fomentar el consumo.

“Se promovió un fomento a la lectura obligando a las personas a que se situaran en un espacio cómodo y de consumo, centrado en el placer, el cual no debía general ningún compromiso”, declaró Marx Arriaga.

Quien mencionó que el fomento a la lectura es una de las habilidades básicas que cualquier normalista debe desarrollar. Siempre entendiendo que no se trata de leer por leer, sino asumiendo que el acto de lectura es un compromiso y genera un vínculo con el texto y el autor, y en la medida que se asume este ejercicio como algo que fomenta las relaciones sociales en donde no se trata de un acto individualista de goce, sino un análisis profundo sobre las semejanzas y diferencias con los demás, se estará formando a sujetos críticos que busquen la emancipación de sus pueblos”.

Explicó que esto “no implica que la lectura deje de ser un acto placentero, si no que no es exclusivamente un acto placentero”. De no ser así, añadió, se creará un caldo de cultivo para que la “nueva derecha educativa” pueda plantear un esquema económico de la educación que “genere grandes dividendos para unos cuantos, a costa de una sociedad desinformada y marginal”, sentenció.

“Se promovió un fomento a la lectura obligando a las personas a que se situaran en un espacio cómodo y de consumo, centrado en el placer, el cual no debía generar ningún compromiso” y, “la lectura se debe convertir en una acción emancipadora”, fueron otras de sus ideas.

Y aunque gran parte de su discurso parece un medio de adoctrinamiento y debiera ser duramente criticado por ser un funcionario público cuya responsabilidad es la generación del contenido de aprendizaje para millones de niños, niñas y adolescentes; el escrutinio se centró en sus dichos sobre el leer, los cuales fueron resumidos -quizás justificadamente- por varios medios de comunicación en que la “lectura por placer es un acto de consumo capitalista”, lo que provocó todo tipo de reacciones. Incluida la del supuesto autor, quien negó haber hecho tal declaración. Pero el daño ya estaba hecho y el intento de contención solo empeoró la situación.

Entre los críticos a lo dicho por Marx, resaltó el Ministro para Asuntos Culturales de la Embajada de México en España, Jorge F. Hernández, quien publicó una columna respecto a los comentarios del funcionario de la SEP.

Por su puesto que se puede leer bajo la muy ideologizada militancia del errado o confundido bibliotecario improvisado que acaba de clamar algo en torno al consumismo capitalista como afán oporto a quienes creen que leyendo reviven Playa Girón o las heridas de Camboya, cuando en realidad, su tufillo más bien apesta a Pol Pot (que no es precisamente un guiso inglés), ese demente que pintó en letras rojas la condena fanática contra todo aquel que llevara lentes, gafas o quevedos de diversas dioptrías, pues revelan que se trata de un lector”, se lee en su Columna Agua de Azar, publicada en el diario Milenio.

En donde añade, “(…) para dejar aclarado ya para siempre que en el fondo se lee por placer y diversos placeres se quedan en pura lectura así sigan babeando las recuas increíbles de advenedizos absolutamente ilegibles”.

Poco después de publicar su texto, Hernández declaró en un programa de radio, “gracias a Marx Arriaga, caigo en la cuenta de que soy estúpidamente rico, un millonario inconcebible, un capitalista de grandes vuelos porque pues dejé 21 mil libros en una bodega en México y aquí llevo como 3 mil que estoy consumiendo constantemente”.

Y aunque no fue el único ni el más severo en sus comentarios, sí fue la primer “víctima” de lo que él mismo calificó como censura por parte del Estado. Ya que poco después fue despedido del cargo que ocupaba.

Bajo supuestas acusaciones de misoginia en contra de la Embajadora, Carmen Oñate, la Dirección de Diplomacia Cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores, a cargo de Enrique Márquez, anunció la baja del ahora ex funcionario.

De acuerdo a lo dicho por el propio Márquez, todo derivó de ciertos comentarios hechos por Hernández durante una reunión privada.

Por su parte, Jorge F. Hernández aseguró que se utilizó a la embajadora para justificar su despido y que ella no había sido consultada. Dijo que el argumento de la misoginia fue solo un pretexto, pero que la verdadera razón era el haber descalificado las declaraciones “ideologizadas” de un funcionario público.

Pero las cosas no terminaron con el despido de Hernández, ya que en su lugar se nombró a la escritora Brenda Lozano, quien ha criticado en diversas ocasiones al presidente López Obrador y su administración. Generando fuertes reclamos al propio Canciller.

Y aunque su estadía puede ser breve dadas las últimas instrucciones giradas por el mandatario mexicano, para que el puesto sea ocupado por un representante de las comunidades Indígenas; Lozano (o Marx) ya ha generado otro daño con la renuncia del propio Enrique Márquez, quien señaló específicamente el despido de Hernández y las críticas por la designación de Lozano (decisión que él tomó), como las principales razones. Añadiendo la participación del historiador y acérrimo defensor de la 4T, Pedro Salmerón, a quien acusó de orquestar una campaña de desprestigió por la designación de la nueva agregada cultural.

A esta situación se suma la confrontación que se desató al interior de la Cuarta Transformación, sobre todo en el departamento a cargo de Ebrard Casaubon, quien no se descarta como el posible candidato que dará continuidad al proyecto de López Obrador, y quizás, este “favor” al amigo cercano de la Doctora, le pueda ayudar en su proyecto, o tal vez, sea el primer paso para demostrar quién detenta el verdadero poder en este gobierno.

Otro tema que no se debe perder de vista, es la evidente construcción de una base social adoctrinada y reaccionaria ante todo aquel que no piense como ellos, o peor, que exprese lo que piensa. Tanto dentro, como fuera de la nomina gubernamental.

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