26 noviembre, 2021

Vacunación a los niños y niñas

Desde el portal
ÁNGEL SORIANO 


 La ciencia en algunos aspectos no ha resultado tan eficaz como se esperaba pues si bien es cierto que la presencia de una pandemia fue advertida – y comprobada- en forma oportuna, no se tomaron las medidas adecuadas para enfrentarla. 

Y de ello hay evidencias: desde el envío de México de medicamentos e instrumental a China a inicios de la contingencia, y que luego nos lo vendió a precios elevados por la excesiva demanda, hasta la poca respuesta del Conacyt para crear una vacuna y ventiladores que hoy están ausentes, no así el presupuesto que reciben constante y sonante.  

Pero más allá de los errores burocráticos y de falta de previsión, está la logística de vacunación.

Se privilegio el área rural más alejada, con poca densidad de población y reducción de contagios, y se dejó de lado la zona urbana densamente poblada, con el argumento de que los habitantes del área rural no tienen hospitales y los urbanos sí.  

Aunque no se trata de ver quién tiene derecho o no, a regatear la aplicación de la vacuna. Se descuidó y se descuida aún a la población infantil con la absurda explicación de que no es un sector vulnerable.

La realidad demuestra que sí lo es a dos semanas del regreso a clases.  Incluso desde antes. Los hospitales y los padres de familia reportaban a sus hijos enfermos, pero de acuerdo a las estadísticas y las mediciones de los llamados expertos no le han dado importancia porque en comparación con las cifras de los enfermos y los lamentables defunciones, no es alarmante. 

No se trata de decir qué población es vulnerable y quién debe ser protegido. La realidad demuestra que la pandemia afecta a todos por igual sin excepciones, por lo cual la obligación de las autoridades es proteger a todos. 

Los amparos se multiplican y se exige vacunar a los niños y a las niñas. Las autoridades insisten en que no se justifica tanto gasto porque no es necesario.

La vuelta a clases de nuevo esta semana demostrará que sí es necesario so pena de sufrir las lamentables consecuencias que hay que evitar.  

Nuevos errores y nueva terquedad seguirá aumentando el drama nacional al que se suman lluvias e inundaciones, sismos y derrumbes que, aún cuando son efectos de la naturaleza y errores de falta de planificación del crecimiento urbano, sí es posible prevenirlo y evitarlo.  

Las autoridades sanitarias deben comprender que la ciencia no va tan al parejo con la realidad y hacer frente a esta.

Las estadísticas no deben ser la norma. Hay que vacunar a todos sin excepción, ni ubicación geográfica ni edad.  

El respeto a la vida debe ser prioridad y no motivo de políticas públicas que son rebasadas por la naturaleza y la falta de planeación gubernamental.


asorianocarrasco@yahoo.com

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