9 mayo, 2022

El PRI quiere vivir, pero no entiende cómo respirar 

Alejandro Murat, Alejandro Avilés, Alejandro Moreno

La misión parece imposible, pero hasta las casas encuestadoras “menos conservadoras” han documentado importantes fluctuaciones en lo que se advertía como la victoria “más sencilla” para Morena.

Hablemos de Política

Por Diego Martínez Sánchez

El PRI quiere vivir, pero no entiende cómo respirar 

Para sorpresa de muchos y el desagrado de varios, el Partido Revolucionario Institucional o más bien su militancia, demostró que siguen vivos y están dispuestos a luchar por su supervivencia en Oaxaca. 

Desde la tierra donde Dios Nunca Muere, el PRI que ahora dirige Javier Villacaña Jiménez y abandera Alejandro Avilés Álvarez, envió un poderoso mensaje a los grupos de oposición, pero sobre todo a sus bases, a las estructuras que lograron recuperar el estado hace unos años pero que fueron desplazados y en muchos casos traicionados. 

Teniendo como sede el auditorio Guelaguetza –el máximo centro de festejo del pueblo oaxaqueño– el Revolucionario Institucional demostró que aún logra desbordar pasiones y aunque permanecen algunas de las viejas prácticas en las “movilizaciones”, por primera vez en mucho tiempo el priismo dio señales de vida. 

Sin embargo, es evidente que muchos aún no entienden cómo respirar el nuevo oxígeno político que inyectó Morena y particularmente López Obrador, construyendo una sociedad ávida de participar en la vida pública –al menos en ejercicios de simulación– y no ser meramente espectadores. Porque si algo necesita el PRI para entender, reconocer y trabajar en los errores del pasado, es olvidarse de los discursos demagógicos y egocéntricos que los mantienen tan alejados de la mayor parte de la sociedad y en este caso, de su (orgullosa) militancia. Porque esa línea solo le funciona al señor de Palacio Nacional. 

Después de cinco años de haber recuperado la entidad, el gobierno priista de Alejandro Murat no logró consolidarse como la principal fuerza política electoral, por el contrario, desde el primer día parecía que la instrucción era dejar agonizar al dinosaurio herido, teoría que cobró fuerza con la llegada de Obrador a la Presidencia y el evidente entreguismo del mandatario estatal, que va más allá de una estrecha o cordial relación con la federación.  

Por ello hoy el escenario es más que adverso para el PRI, quien deberá enfrentar por su cuenta a Morena y Obrador, además de contender contra sus viejos aliados el partido Acción Nacional y el de la Revolución Democrática, quienes podrían formar una alianza abanderando a una misma candidata. 

Pero el primer reto, antes de pensar siquiera en las urnas, es el de recuperar la fuerza elemental del priismo tanto local como nacional, sus estructuras. A esas bases que convirtieron al PRI en un elemento cultural y hasta familiar para los oaxaqueños, pero para ello deberán encontrar una forma de convencerse así mismos, que “ya cambiaron”. 

Y esa tarea comienza en sus dirigentes. Desde el Presidente Nacional, Alejandro Moreno, que solo repite el mismo discurso agotado cambiando nombres y estados, pero que no transmite ni despierta la efervescencia partidista que necesita el tricolor, no solo en Oaxaca, en todos lados. 

Pasando por el gobernador Alejandro Murat, a quien se le nombra como “el primer priista del estado”, o “el Uno” para los “más cercanos”. Cuya inexperiencia electoral y social, pareciera que no ha disminuido mucho en los años que ha gobernador la entidad más política y retadora del país, por no decir “conflictiva” y politizada. 

Hasta un candidato que si bien ha demostrado un poder de unidad y convocatoria que pocos esperaban, aún no comprende el nivel de contienda a la que se enfrenta.

No obstante, el verdadero problema está en los “pequeños líderes” que aún consideran a los militantes como ganado, y que lo han empleado hasta como moneda de cambio. Así como aquellos “dirigentes” que al no ver avances en sus “negociaciones” que eran más bien rendiciones ante los partidos de oposición, regresan al tricolor intentado imponer condiciones, advirtiendo claro, más traiciones si no les cumplen sus pretensiones. 

De no entender el mensaje, el PRI no solo fracasaría en la lucha por mantener la gubernatura de Oaxaca, también estaría en la antesala de la mayor desbandada de su historia, la cual solo se evitó gracias a la llegada de Villacaña a la Presidencia estatal, y la designación de Alejandro Avilés como candidato a la gubernatura. 

Ahora solo falta que puedan reconstruir lo que casi logran destruir los propios priistas y convencer a miles de ciudadanos que aunque no comulgan con ellos, tampoco coinciden con lo que propone la “Cuarta Transformación”, al igual que a aquellos morenistas y obradoristas, que no se ven representados por Salomón. 

La misión parece imposible, pero hasta las casas encuestadoras “menos conservadoras” han documentado importantes fluctuaciones en lo que se advertía como la victoria “más sencilla” para Morena, quien a pesar de mantener una amplía ventaja en las preferencias, deberá terminar pronto con las rencillas internas y cerrar las heridas que pudieran dejar, de lo contrario podrían encontrarse con varias sorpresas durante la contienda electoral.

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