30 junio, 2022

AMLO no gobernará Oaxaca 

Por Diego Martínez Sánchez

El fanatismo como la ignorancia, se han empleado como herramientas de manipulación desde el inicio de las sociedades, siendo factores clave para el control que ejercen las elites en el poder, sobre las masas. 

La fórmula se ha replicado a lo largo de la historia y continúa hasta nuestros días, afectando nuestras vidas en más de una forma. Las “elecciones democráticas” que se viven cada tres y seis años en el país, es una de ellas. 

Por medio de estrategias de propaganda, los partidos políticos intentan crear “fanáticos” antes que votantes informados, conscientes y responsables de la importancia y el valor de su sufragio. Por el contrario, buscan una “fe ciega” que no reflexione ni cuestione las decisiones o designaciones que les imponen. Sobre todo cuando el verdadero valor radica en un logo o en un nombre. 

Ejemplo de ello es el otrora poderoso Partido Revolucionario Institucional, quien además de sostener la fuente de su poder político en la figura presidencial, empleaba el aparato del Estado para convencer –o someter de ser necesario– tanto a la oposición como a los ciudadanos, de que eran la mejor opción electoral para seguir gobernando los municipios, los estados y el país. 

Método que replica el ahora gobernante Morena y su máximo líder, el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien aún cuenta con la suficiente influencia social para designar Candidatos y Candidatas tanto a las Alcaldías como a cargos Legislativos o incluso gubernaturas; confiando que obtenga el voto como si él fuera a legislar o gobernar personalmente. Logrando que el electorado olvide, omita o al menos ignore, cualquier aspecto negativo del aspirante o su equipo cercano, sin importar qué tan graves pudieran ser los señalamientos o las pruebas que existan en su contra.   

Además, promoviendo una falsa esperanza y una transformación simulada, el presidente y su partido han optado por reciclar candidatos con muy negros historiales, quienes al llegar al cargo lo primero que han hecho es traicionar a Obrador y a su proyecto de nación, como ha sucedido en Puebla con Miguel Barbosa; en Zacatecas con David Monreal, hermano del Coordinador de los Senadores de Morena y el primer opositor interno; también está el caso de Baja California con Jaime Bonilla o Morelos con Cuauhtémoc Blanco. Entidades que hoy enfrentan las peores crisis en su historia en materia de seguridad, una realidad tan heredada como provocada. 

Aunque la situación no es muy diferente en los estados donde los gobernadores aseguran ser “aliados” del primer mandatario, como en Veracruz, Michoacán o Guerrero, donde la violencia e impunidad se han convertido en parte de la vida diaria de millones de ciudadanos desde hace años, crisis que se ha ido agravado en tan solo unos meses de nuevos gobiernos.  

Situaciones que sin duda se replicarán en Oaxaca de llegar la “Cuarta Transformación”. Sobre todo dada la mala relación que mantienen varios grupos políticos oaxaqueños con la federación, por intentar imponer una candidata a modo que garantizara la influencia y presencia del Presidente en la administración estatal. Panorama que se complicó con la designación de Salomón Jara, quien ya ha advertido que mantendrá a raya a López Obrador, olvidando quizás, que aún no es gobernador. 

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