Peña, Murat y Moreno 

Hablemos de política

Por Diego Martínez Sánchez

Peña, Murat y Moreno 

Mientras la Fiscalía General de la República acusa por corrupción al Presidente del PRI, Alejandro Moreno y, la Unidad de Inteligencia Financiera investiga al expresidente Enrique Peña Nieto, su exempleado y aún gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat avanza como el posible candidato presidencial, en lo que pareciera ser una traición más al tricolor. 

Servil ante la Cuarta Transformación, el hijo de José Murat Casab busca impunidad ante la estela de corrupción que deja tras gobernar casi seis años la tierra de Benito Juárez. En donde no existen obras de trascendencia, pero sí miles de millones de pesos de gasto público que no se ven reflejados en el bienestar de las familias oaxaqueñas. 

Por el contrario, las denuncias por corrupción, despojos inmobiliarios, desvío de recursos públicos, abuso de autoridad, nepotismo, tráfico de influencias, homicidios, secuestros y feminicidios, han sido constantes durante todo el gobierno de Alejandro Murat, quien ha optado por destinar más de 1,500 millones de pesos en “Comunicación Social” para intentar disfrazar la realidad que enfrenta la entidad que dice gobernar. 

Sin embargo, pese a la larga lista de posibles delitos y omisiones en los que ha incurrido el gobierno de Murat, el oriundo del Estado de México cuenta con el respaldo del titular del Ejecutivo Federal para continuar su “lucha” interna por la candidatura en el 2024, consciente claro, que la posibilidad de ganar en las urnas es prácticamente inexistente. Mas no así, con los acuerdos que puedan generar para “asegurar” la continuidad del proyecto de nación que encabeza López Obrador. 

La primera parte fue entregar Oaxaca sin luchar, ya que más allá del respaldo que tiene el Presidente Obrador en la entidad sureña, el fracasado gobierno de Murat Hinojosa fue pieza fundamental de la derrota electoral, aunque el mandatario oaxaqueño lo intente negar e incluso busque culpar al Candidato y al Presidente estatal de su partido. 

Pero ahora la lucha será en el Estado de México, donde el gobernador de Oaxaca y su familia tanto sanguínea como política, tienen su mayor capital político y económico, además de Nueva York claro está.  

Gracias a su cercanía con el grupo Atlacomulco, tanto Alejandro como José se han convertido en piezas clave para someter a uno de los clanes políticos más influyentes, poderosos y corruptos del país; buscando ganar la gracia y aceptación de la 4T. Aunque para lograrlo tengan que traicionar a quienes les abrieron las puertas de su hogar, una historia frecuente en la vida política de los Murat. 

Las investigaciones en contra de Enrique Peña Nieto en vísperas del proceso electoral en el Estado de México sin duda tienen la intención de evitar o al menos limitar, su posible intervención y la de su grupo político, a favor del tricolor. 

Por lo que llama la atención que a pesar de ser su exjefe y padrino político, dicha advertencia no aplica para Murat Hinojosa, por el contrario, pareciera que le limpia el camino de posibles obstáculos en su aspiración presidencial. 

Otro beneficiado ha sido Murat Casab, quien a pesar de haber sido el principal operador para concretar las llamadas Reformas estructurales bajo el denominado “Pacto por México”, no ha sido siquiera mencionado en los cuatro años del gobierno de López Obrador. Al igual que su familia política. Por el contrario, ha incrementado considerablemente su fortuna e influencia. 

Desde la llegada de López Obrador a la Presidencia de la República, tanto padre como hijo han buscado la forma de congraciarse con él. Ya sea con regalos, majestuosas recepciones, supuestos favores o constantes publicaciones a favor de la 4T en sus medios de comunicación, financiados claro, con recursos públicos. 

No obstante, hasta hace poco el Presidente no había avalado las intenciones del gobernador y su padre, sobre todo por los innegables actos de corrupción cometidos desde la primer administración muratista. 

Pero algo cambió hace unos meses y se evidenció más cuando el dirigente priista no cumplió los acuerdos para avalar la Reforma Eléctrica del Presidente. Lo que abrió el frente a un ataque directo, como el que está viviendo actualmente y que podría culminar con su renuncia anticipada. 

Hecho que convendría a los intereses de los Murat. Ya que si quieren asegurar la nominación del primogénito, deberán controlar en su totalidad al Revolucionario Institucional, objetivo que no está muy lejos de volverse realidad ante la crisis interna que enfrenta por los audioescandalos y posibles actos de corrupción en los que se ha visto envuelto su presidente Alejandro Moreno Cárdenas. 

Con su posible salida, el control del PRI recaería -en gran parte- sobre el grupo de José Murat Casab, actual Presidente de la Fundación Colosio. Lo que permitiría el ascenso de Murat Hinojosa, quien deberá entregar en diciembre la estafeta a su sucesor, Salomón Jara Cruz, el primer gobernador de Oaxaca emanado del Movimiento de Regeneración Nacional, y quien ha adelantado que no emprenderá ninguna persecución política, dejando que sea el pueblo quien decida mediante una consulta, cómo se castiga la posible corrupción que deja el gobierno saliente. Lo que ha sido calificado por algunos analistas, como un pacto de impunidad. 

Ya que a diferencia de la persecución política, mediática y judicial que se ha emprendido en contra de Alejandro Moreno y Enrique Peña Nieto, a Murat Hinojosa se le ha permitido promocionarse a nivel nacional a través de espectaculares, anuncios, revistas y medios del jet-set, que buscan posicionarlo como un político eficiente, a pesar de dejar una entidad sumida en la inseguridad, violencia, pobreza y marginación. Al fin y al cabo, el engaño va con cargo al erario.  

Y aunque su destino aún es incierto, dados los rápidos cambios en la política nacional, el gobernador oaxaqueño podría terminar dirigiendo al Revolucionario Institucional, como funcionario federal o hasta representante de México en Canadá o algún otro país.

Porque aún falta la respuesta del expresidente y su dirigente, así como de la militancia tricolor, quienes al final serán los que decidirán si el PRI continúa su ruta actual, redefine sus bases o, aceptan venderse, perdón, aliarse a la Cuarta Transformación. Porque si algo ha dejado claro el movimiento del Presidente Obrador, es que todos son bienvenidos, sobre todo si vienen de su antiguo partido. 

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