mar. Jul 16th, 2019

Los que refundieron al PRI no pueden refundarlo

Los que refundieron al PRI no pueden refundarlo

Por Diego Martínez / @diegomtzsanchez

La lucha por la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional ha comenzado formalmente. Tras decidirse que sea el mismo partido quien organice la elección por medio de la consulta directa a las bases, el PRI enfrenta la que pudiera ser su última oportunidad para sobrevivir como partido político y recuperar escaños en las elecciones intermedias.   

No son pocos los aspirantes a presidir el tricolor, pero tampoco son muchos y la gran mayoría, sino es que todos, representan etapas muy oscuras dentro de la política mexicana.     

Mucho se puede decir del PRI, sobre todo cosas negativas, pero muchos apelativos hacen referencia a las personas que han representado al priismo, más no se consideran las bases ideológicas del que fuera el partido hegemónico por más de 70 años, cimientos que hoy mantiene ergidos la cuarta transformación, pero que parecen derrumbarse dentro de su propio origen.  

Hoy el PRI está dispuesto a todo, incluso a doblegarse ante el poder de un ejecutivo emanado de su ala desertora, someterse a la voluntad legislativa de quienes han jurado destruir todo lo que representa el priismo moderno e incluso, a respaldar la política de un gobierno que podría y debería, destruir los restos del revolucionario institucional al enjuiciar al último presidente emanado de sus filas. Todo a cambio de una oportunidad para subsistir. 

Hasta sus antiguos aliados los han abandonado. Como el Partido Verde, fieles a su naturaleza parasitaria al presentir el fin de su anfitrión decidieron cambiar de huésped. Gracias a ellos, Morena tiene mayoría en la Cámara de Diputados, donde el PRI hoy solo cuenta con 47 legisladores, la representación más baja en su historia. 

Su presencia en el Senado también se vio reducida con 14 escaños. En el tema estatal y municipal tampoco les fue muy bien. Perdieron la mayoría de las gubernaturas, ganaron muy pocos ayuntamientos y fueron arrasados en los Congresos locales.    

El reto no es fácil, levantar al PRI no es imposible pero requiere de una capacidad política que pocos tienen y sobre todo, un cambio radical en la forma de tratar a sus estructuras. La militancia que refrendó su lealtad al revolucionario institucional en las urnas, es el activo más valioso con el que cuentan. 

No obstante, durante años los militantes y simpatizantes del PRI han sido relegados por los miembros de la cúpula del poder, quienes han ocupando los cargos y candidaturas para beneficio de amigos y familiares. Olvidando que la base de toda organización social, como lo son los partidos políticos, radica en sus integrantes no en las dirigencias. 

Aunque no se debe descartar a Ivonne Ortega y José Narro, la competencia parece dividirse en dos grupos; por un lado el del exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz Ortíz y por el otro, el del gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, este último con el aparente respaldo del Grupo Atlacomulco y de la actual dirigencia.  

Ruiz Ortiz ha optado por un discurso directo a la militancia, donde plantea recuperar su partido desde las bases y “castigar” a quienes consideran lo llevaron a la derrota, entre los que destaca el ex Presidente Enrique Peña Nieto, a quien incluso ha propuesto expulsar del Revolucionario Institucional. 

“Los que refundieron al PRI no pueden refundar al PRI”, es una de las frases que más emplea Ruiz Ortiz y, que más eco genera en sus correligionarios, haciendo referencia tanto al ex mandatario como al grupo que ha mantenido el control del PRI durante los últimos años. 

Por su parte, Alejandro Moreno se ha enfocado en la política ejecutiva, aprovechando su posición como gobernador y presidente de la CONAGO, logrando acuerdos con los dirigentes nacionales de los grupos internos del PRI, aunque de ellos poco queda tras la derrota del primero de julio. 

También ha mantenido una política en ocasiones neutral y en otras sumisa ante el gobierno federal, papel justificable si antepone los intereses de su estado a sus aspiraciones políticas, pero contrario a lo que debiera representar como un partido de oposición en el ámbito político. 

Las siguientes semanas serán decisivas para el priismo, una oportunidad que sus opositores no desaprovecharán para intentar destruir lo que queda del que fuera el partido político más poderoso de Latinoamérica. La guerra sucia y las traiciones internas ya comenzaron, acostumbrados tras años de decadencia y corrupción, deberán demostrar que pueden reconstruir su instituto, sin destruirse en el intento.   

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