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junio 6, 2026

Polígrafo Digital

Noticias y Análisis Político

La prisa y el vacío de Saymi Pineda


Hablemos de Política
Por Diego Martínez Sánchez

En la ruleta de las aspiraciones políticas en Oaxaca, la sensatez suele ser la primera baja. Y ejemplos, hay muchos.

Pero el caso más reciente de fiebre sucesoria lo encarna Saymi Pineda Velasco. Cuyo activismo digital e innegable destreza para el aplauso fácil no logran ocultar una realidad evidente: carece por completo de las bases estructurales y de la estatura política que demanda la gubernatura de un estado tan complejo como el nuestro.

Gobernar Oaxaca no es un asunto de pasarelas ni de relaciones públicas; exige una solidez técnica, una madurez ideológica y una capacidad de gestión que la actual funcionaria simplemente no posee. A Pineda Velasco le falta mucho por recorrer en la vida pública; pretender dar el salto definitivo en este momento evidencia una ambición tan desmedida como inmadura.

Al frente de la Secretaría de Turismo, la funcionaria podría estar entregando un papel rescatable, aprovechando la inercia propia del sector. Sin embargo, cualquier destello de efectividad en su gestión queda completamente opacado por sus constantes desplantes narcisistas. Para Saymi Pineda, la secretaría parece un escaparate personal y un desfile diario de vanidades, financiado con cargo al erario.

Los gastos superfluos en su propia imagen y los excesos presupuestales demuestran que su prioridad no es la promoción del estado, sino el culto a su propia persona.

El camino recorrido, además, está plagado de sombras que minan cualquier intento de legitimidad. La herencia de su desastrosa gestión como presidenta municipal de San Pedro Pochutla sigue viva, pero no por sus logros, sino por el desfalco moral y el malestar de una ciudadanía que se sintió abandonada a su suerte.

A esto se suman señalamientos severos de nepotismo y corrupción que configuran un descarado estilo dinástico de ejercer el poder.

La colocación de su madre en el Congreso local como diputada y la incrustación de diversos familiares en puestos clave de la estructura gubernamental no son malentendidos; son muestras claras de una visión patrimonialista y cínica del servicio público.

Sin embargo, el verdadero freno a sus aspiraciones no radica únicamente en su cuestionable ética familiar. El lastre más pesado proviene de las carpetas de investigación y los persistentes señalamientos por presunto enriquecimiento ilícito, sumados a supuestos vínculos con la delincuencia organizada que ensombrecen su entorno.

Estos dos factores fueron determinantes para que, desde la cúpula nacional y bajo la mirada estricta de la propia Presidenta de la República, su perfil fuera descartado de tajo en el proceso interno de Morena. Para la dirigencia del partido oficial, el riesgo reputacional y judicial resulta sencillamente impagable para la candidatura gubernamental.

A pesar de tener las puertas cerradas en su propia casa política, el juego de Saymi Pineda no está del todo liquidado. Si bien la oposición tradicional la observa con recelo, su primera y más viable opción de supervivencia no está lejos, sino en los brazos de un partido aliado.

Específicamente, en la franquicia local que dirige Salomé Martínez —hoy rebautizada como Partido de la Transformación Oaxaqueña—, quien ya en el pasado, cuando las siglas respondían a Fuerza por México, le otorgó generosamente una curul a la madre de la funcionaria. Ese antecedente de complicidades políticas abre una ventana de oportunidad perfecta para el cobijo.

La gran interrogante es si la ciudadanía oaxaqueña estará dispuesta a validar un proyecto que confunde el oportunismo y la impunidad con la capacidad de gobernar. Aunque claro, tanto ella como cualquier persona originaria de Oaxaca, sería mejor opción que “la señora” de Murat.

Al tiempo.

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