Por Redacción
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se enfrenta a una de las encrucijadas institucionales más severas de su historia reciente.
Lo que originalmente se planeó como el gran salto hacia la modernización tecnológica —el Concurso de Selección Licenciatura ejecutado de forma 100% digital— ha derivado en una parálisis administrativa, protestas en la Torre de Rectoría, una investigación penal en curso y la caída de la segunda línea de mando de la universidad.
La Máxima Casa de Estudios pecó de optimista ante la infalibilidad de una pantalla y la realidad digital le pasó factura.
El origen del colapso no fue técnico, sino estadístico. Tras la publicación de los resultados, los despachos de la Dirección General de Administración Escolar (DGAIE) notaron anomalías imposibles de ignorar.
Carreras donde históricamente quedarse requiere rozar la perfección registraron una explosión atípica de puntajes perfectos. El análisis arrojó que el porcentaje de aspirantes con 100 o más aciertos pasó de un promedio histórico de 3.5% a un inverosímil 16.3%.
La línea de corte para ingresar se disparó a niveles nunca antes vistos. Medicina exigió 117 aciertos de 120 posibles; Administración subió a 108 y Derecho a 105. El mérito académico se había alterado por completo.
La explicación detrás de este fenómeno no tardó en inundar las redes sociales. Mientras la UNAM respaldaba la seguridad del examen en un contrato de más de 40 millones de pesos con la empresa Territorium Life, comunidades de aspirantes en TikTok y Discord ya habían descifrado cómo burlar el software de vigilancia.
El algoritmo, diseñado para detectar movimientos faciales y bloquear pestañas del navegador, fue rebasado por estrategias análogas y digitales: desde cámaras secundarias fuera del ángulo de visión hasta el uso en tiempo real de Inteligencia Artificial para resolver los reactivos en segundos.
La respuesta estudiantil ante la sospecha de un fraude masivo fue inmediata. Al grito de “la trampa ya se dio, queremos solución”, miles de jóvenes marcharon hacia Ciudad Universitaria. La indignación escaló al doble frenteor un lado, quienes exigían la anulación del proceso al sentirse en desventaja; por el otro, cerca de 3,000 aspirantes cuyos exámenes fueron cancelados automáticamente por el sistema debido a parpadeos del internet o fallas de la cámara, acusando a la universidad de generar falsos positivos.
Con el fin de contener el incendio, el rector Leonardo Lomelí Vanegas tomó la decisión drástica de congelar las inscripciones para el ciclo escolar. Sin embargo, el golpe político definitivo ocurrió con la renuncia forzada de la secretaria general, la doctora Patricia Dolores Dávila Aranda.
Al tener bajo su responsabilidad directa la organización de la polémica evaluación, su salida se volvió inevitable tras los reportes de la Comisión Técnica. Dávila, quien hizo historia en 2023 al convertirse en la primera mujer en ocupar el segundo cargo más importante de la UNAM, dejó su puesto vacío en el epicentro de la tormenta.
Buscando atajar la crisis de gobernabilidad de manera inmediata, el rector Lomelí nombró en sustitución al doctor Javier de la Fuente Hernández como nuevo secretario general de la UNAM. De la Fuente, un perfil institucional de gran peso con más de cuatro décadas de trayectoria, exintegrante de la Junta de Gobierno y exdirector de la Facultad de Odontología, asume el cargo con la consigna de apagar el fuego y devolver el orden a la estructura universitaria.
Como salida de emergencia para rescatar la credibilidad, la nueva gestión de la UNAM aplicará un “examen de control presencial”. Esta medida citará en las sedes físicas de la institución a los postulantes que obtuvieron las calificaciones más altas y bajo sospecha estadística.
El objetivo es simple: obligar a los aspirantes a demostrar frente al papel y el lápiz que los conocimientos mostrados en la pantalla eran suyos y no de una Inteligencia Artificial. La UNAM vuelve a la vieja escuela, pagando el costo de una crisis que ya cobró sus primeras cabezas políticas y arrastrando la dura lección de que la fe ciega en un algoritmo puede romper la confianza de todo un país.





