Por Diego Martínez Sánchez
CIUDAD DE MÉXICO.— El asesinato del periodista Alejandro Leyva Aguilar en Oaxaca es una tragedia que exigiría justicia pulcra y un debate serio sobre la vulnerabilidad de la prensa. En su lugar, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión se convirtió en el escenario de un burdo ejercicio de oportunismo político.
La bancada de Movimiento Ciudadano (MC) olió la sangre editorial y, con una ligereza que asusta, formalizó una solicitud para declarar la desaparición de poderes en la entidad.
La maniobra, sin embargo, se topa de frente con un espejo incómodo. El partido que hoy se viste con el ropaje de la indignación moral carece de las credenciales para hacerlo. Detrás de los discursos encendidos no hay una agenda histórica de defensa a la libertad de expresión; lo que hay es una franquicia experta en la “pepena política”, operada por un camaleónico bloque de militantes que brincaron de plataforma en cuanto se les acabaron los privilegios en sus antiguos partidos.
Tanto a nivel nacional como local, el autodenominado movimiento naranja se ha convertido en un contenedor de residuos políticos. Sus cuadros actuales son una amalgama de antiguos priístas que huyeron del naufragio de su partido, panistas desplazados y, de manera muy notoria, exmorenistas resentidos que no consiguieron las candidaturas o las cuotas de poder que exigían dentro de la Cuarta Transformación.
El ejemplo más nítido de esta metamorfosis oportunista es el diputado federal Gibrán Ramírez Reyes, encargado de subir a tribuna a lanzar el dardo contra el gobierno de Salomón Jara.
Ramírez, quien construyó su carrera pública bajo la sombra y el financiamiento de la 4T —llegando a aspirar a la dirigencia nacional de Morena—, hoy opera bajo las siglas de MC con el único combustible del despecho político. Al acusar de “traidor” a su antiguo hogar, el legislador no hace más que evidenciar la ausencia de una ideología fija: la lealtad naranja dura lo que dura el contrato electoral.
La bandera de la libertad de expresión le queda enorme a Movimiento Ciudadano. El oficialismo no tardó en recordar que los gobiernos naranjas no son precisamente un oasis para el periodismo libre. En Jalisco, bajo el mandato de Enrique Alfaro, la constante fue el acoso sistemático, los insultos públicos a reporteros incómodos y la asfixia financiera a medios críticos.
En Nuevo León, la administración de Samuel García ha destacado por utilizar el aparato judicial y las conferencias de prensa para amedrentar a los comunicadores que investigan la crisis hídrica o la inseguridad del estado.
Por ello, que hoy MC intente utilizar el homicidio de Alejandro Leyva como moneda de cambio para desestabilizar la soberanía oaxaqueña es visto en los pasillos del Senado como un acto de cinismo puro.
Los senadores oaxaqueños Antonino “Nino” Morales, Luis Alfonso Silva y Laura Estrada cerraron filas contra lo que calificaron como una agresión directa al pueblo de Oaxaca. Para la bancada mayoritaria, la propuesta de MC no busca justicia para el gremio periodístico, sino crear un foco de conflicto artificial para ganar reflectores nacionales.
“Es indignante que se intente sacar provecho político de una tragedia y opinar desde fuera sin conocer realmente qué pasó”, coincidieron los legisladores de Morena, aludiendo a la comodidad de los escritorios capitalinos desde donde MC diseña sus estrategias de golpeteo.
Al final, la solicitud de desaparición de poderes está destinada al archivo muerto por falta de sustento jurídico y matemático. Sin embargo, el episodio deja al descubierto la verdadera naturaleza del partido naranja: una mezcla de viejos conocidos del PRI, PAN y Morena que, a falta de propuestas reales, recurren a la carroña política para figurar en el tablero nacional.
Aunque esto no exime al gobierno estatal y federal, de sus responsabilidades, sobre todo con los pesados señalamientos en contra de Senadores, Secretarias de Estado y el propio gobernador. Así como los constantes ataques desde el púlpito presidencial en contra de la prensa crítica y de la libertad de expresión.





