La dinastía regresa a Palacio: Keiko Fujimori rompe su maldición electoral y es la nueva presidenta electa del Perú
LIMA — En uno de los procesos de escrutinio más polarizados y seguidos de la historia contemporánea de la región, la autoridad electoral peruana dio por cerrado el recuento de los votos. El conteo oficial otorgó la victoria a la candidata derechista Keiko Fujimori. Superó por apenas unas décimas a su rival de izquierda, Roberto Sánchez, del partido Juntos por el Perú.
De acuerdo con el reporte final emitido por la ONPE, Keiko Fujimori obtuvo el 50.135% de los votos, lo que equivale a 9,223,396 sufragios. Su oponente sumó el 49.865%, alcanzando un total de 9,173,755 respaldos. Esto definió una ajustada diferencia neta de 49,641 votos de ventaja para la ganadora.
El factor decisivo para consolidar la victoria de la nueva jefa de Estado provino del voto en el extranjero y el respaldo mayoritario en Lima. El candidato opositor, Roberto Sánchez, catalogó los resultados como una supuesta “vencida irregular”. No obstante, el cronograma oficial del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) mantiene la entrega de credenciales presidenciales para inicios de julio. La toma de posesión formal en el Parlamento se llevará a cabo el 28 de julio de 2026.
Frente a los medios internacionales y desde los exteriores de su residencia, la electa gobernante aseguró que asumirá el mandato bajo la consigna de que “vuelve el orden”. Una de sus primeras directrices de gobierno será la mano dura contra el crimen, aplicando un enfoque punitivo estricto para combatir el incremento de extorsiones y la delincuencia urbana.
Asimismo, buscará la reconciliación social para alcanzar consensos políticos frente a un país geográfica y socialmente fracturado. También priorizará la prevención climática mediante la activación de presupuestos inmediatos que mitiguen el impacto inminente del fenómeno de El Niño. Finalmente, su plan contempla la estabilización macroeconómica para frenar los excesivos gastos promovidos por el Congreso saliente y resguardar la balanza fiscal.
:Dinastía familiar
La llegada de Keiko Fujimori al Palacio de Gobierno de Lima representa un hito cargado de simbolismo y paralelismo dinástico. Logra la presidencia exactamente a los 51 años de edad, la misma edad cronológica que tenía su padre, Alberto Fujimori, cuando ganó su primera elección en junio de 1990.
El árbol político de la presidenta electa está indisolublemente ligado a la polémica administración de su padre, Alberto Fujimori, quien gobernó el país entre 1990 y 2000. Su administración logró estabilizar la economía frente a la hiperinflación y derrotó al grupo terrorista Sendero Luminoso. Sin embargo, en 1992 disolvió el Congreso de la República y la judicatura mediante un autogolpe respaldado por las Fuerzas Armadas.
La gestión de Alberto Fujimori colapsó en el año 2000 tras revelarse una red masiva de corrupción liderada por su asesor de inteligencia, Vladimiro Montesinos. El mandatario renunció por fax desde Japón, pero posteriormente fue extraditado y sentenciado a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad y corrupción generalizada, falleciendo años después.
Por su parte, Keiko Fujimori se ha mantenido vigente en la política peruana por más de tres décadas tras asumir como primera dama en 1994, con tan solo 19 años, debido al divorcio de sus padres. En 2006 ingresó al Parlamento como la legisladora más votada y tiempo después fundó Fuerza Popular. Esta consolidación partidaria desató disputas directas con su hermano menor, Kenji Fujimori, respecto a los métodos para conseguir el indulto de su progenitor.
Con este triunfo, Keiko rompió un récord de resiliencia electoral al ganar en su cuarto balotaje consecutivo, tras haber caído derrotada en las segundas vueltas de 2011, 2016 y 2021. Su trayectoria reciente incluye haber cumplido cerca de 500 días de prisión preventiva por presunto lavado de dinero en sus campañas del caso Lava Jato, un proceso penal que fue finalmente archivado por el Tribunal Constitucional a inicios de 2026.
Fujimori se convierte en la novena persona en asumir la presidencia de Perú en un lapso de apenas diez años. Esto demuestra el tremendo reto de gobernabilidad que enfrentará ante un país institucionalmente desgastado.





