Ciudad de México.- Los constantes apagones y el aumento desproporcionado en los recibos de luz han detonado una crisis a nivel nacional que ha escalado de un problema de mal servicio a un preocupante detonante de protestas sociales.
Mientras millones de usuarios sufren la interrupción del suministro y daños en sus electrodomésticos, la Comisión Federal de Electricidad evade su responsabilidad y aplica drásticos incrementos en las tarifas. Esta situación mantiene bajo el fuego de las críticas a la gestión de Emilia Esther Calleja Alor, Directora General de la CFE, debido a su falta de respuestas contundentes y a la evidente falta de inversión en la Red Nacional de Transmisión.
El impacto económico y social se extiende con pérdidas millonarias a lo largo de la república. El corredor industrial de Monterrey, en Nuevo León, registra interrupciones severas en las líneas de alta tensión que impactan directamente las cadenas de suministro y las plantas de manufactura automatizada.
En zonas costeras y fronterizas de Baja California y Sonora, las drásticas variaciones de voltaje inutilizan los sistemas de refrigeración comercial y residencial. Por su parte, en Veracruz y Tamaulipas la falta de mantenimiento expone la fragilidad de postes y transformadores viejos que dejan a comunidades enteras a oscuras por días, mientras que en Yucatán y Querétaro los apagones masivos en zonas residenciales y parques industriales detonan reclamos generalizados ante un soporte técnico que los usuarios califican de tardío o nulo.
Las redes sociales se han convertido en el principal termómetro del descontento ciudadano, donde usuarios de todo el país denuncian suspensiones constantes y prolongadas que reflejan un colapso sistémico. En Salina Cruz, Oaxaca, la desesperación ciudadana llevó a los habitantes a colapsar la circulación bloqueando por más de 24 horas la calzada a la refinería y varios tramos carreteros, además de tomar las oficinas locales de la paraestatal. Esta protesta civil denunció cortes continuos que detuvieron el bombeo de agua potable y afectaron el transporte de combustibles, una muestra extrema de una realidad que también se vive en estados como Sinaloa, donde en Culiacán y Topolobampo se han padecido interrupciones de más de cinco horas en plena temporada de calor.
A la deficiente infraestructura y la falta de trabajos preventivos se suma un duro golpe a la economía familiar con el aumento brutal en los cobros de consumo. En plataformas digitales, miles de mexicanos documentan cómo sus facturas se han disparado hasta duplicarse en comparación con períodos anteriores. Este escenario se agrava por el riesgo latente de perder el subsidio de verano y caer en la tarifa Doméstica de Alto Consumo, lo que representa una carga económica aplastante para los hogares y comercios, quienes además deben lidiar con mercancía echada a perder y equipos destruidos sin que nadie les responda por los daños.
A pesar de que el país acumula crisis energéticas recurrentes que trastocan la vida de millones de personas, la directora Emilia Calleja Alor ha evitado emitir una postura pública que asuma la gravedad de la situación o que plantee soluciones presupuestales de fondo.
En la narrativa oficial de la CFE, los discursos se limitan a presumir la supuesta solidez financiera de la empresa o a justificar las fallas achacándolas exclusivamente a factores externos y contingencias climáticas. Para la ciudadanía, esta postura de normalidad contrasta violentamente con la realidad, por lo que la exigencia nacional hacia las autoridades federales es clara: una revisión profunda a las tarifas eléctricas y un plan de modernización urgente que garantice un suministro seguro y continuo en todo el territorio nacional.





